segunda-feira, 15 de julho de 2013

"Seamos Radicales" (Miguel Riera - Revista El Viejo Topo)

Sim, eu também penso que a melhor maneira de solucionar um problema é desnudando-o (se) por completo. Quanto a Uniao Europeia, foi um bonito sonho que alimentou nosso espírito e que, mais uma vez, uma pequena oligarquia o converteu em uma ditadura encoberta. Até quando a história irá se repetir?1 Quando iremos evoluir o suficiente para nao estar a repetir os mesmos erros?! Qaundo é que a ambiçao deixará de nos converter em monstros predadores da propria raça (humana) e de todos os outros animais?! Aí está um artigo bem conciso de Miguel Riera El Sermón. Seamos radicales revista El Viejo topo;



Radical es, ya lo sabes, querido lector, ir a la raíz de las cosas. Despojarlas de disfraces y embaucamientos,
y verlas en su verdad desnuda. Dejarse de medias tintas y otras zarandajas, e ir al fondo
del asunto, sin adornos ni rodeos.
Así que, para nuestro propio bien, para saber quién somos, qué somos y dónde estamos, seamos
radicales. Para analizar nuestras penas, nuestros problemas, para vislumbrar posibles soluciones,
abandonemos los paños calientes, las falsas esperanzas y el mirar para otro lado.
Claro que, mirar de frente, provoca alguna que otra náusea.
Estamos en un país en el que unos señores –y señoras– de un organismo llamado FMI se atreven a decir, sin que
se les caiga la cara de vergüenza, que hay que bajar aún más los salarios, trabajar más años y reducir la ya muy
re ducida indemnización por despido. Y nos quedamos tan campantes.
Estamos en un país en el que desde el gobierno se nos anuncian nuevos brotes verdes al mismo tiempo que se
nos dice, de la forma más cínica imaginable, que no van a tener repercusión en el empleo.
Vivimos en el país del toma el dinero y corre, que si te pillan ya se alargarán las cosas para que –si perteneces a
la élite oligárquica que nos maneja– el delito prescriba, y si es preciso siempre podrá recurrirse a un discreto
indulto.
Nos hallamos en el país de los problemas irresueltos (el territorial, entre otros), con una opacidad rampante,
bajo la mentira constante, la falacia y el disimulo.
Y estamos en un país en el que abundan las gentes desnortadas, resignadas, confundidas, derrotadas.
Es cierto que hay mareas, protestas, plataformas, movilizaciones puntuales, y que cada vez hay más personas a
las que ya no se las puede seguir engañando. Pero no es suficiente.
No es suficiente. Es hora de decir basta, pero de verdad. Es hora de poner patas arriba este entramado perverso
en el que están atrapados millones de ciudadanos. Es hora de ser radicales y señalar claramente cuál es la madre
de todos los problemas. Mucha gente ya lo sabe: en lo inmediato, proceden de una construcción europea en la
que el poder lo ejerce realmente una oligarquía que no se presenta a las elecciones, y de la que los gobiernos
europeos, principalmente los del sur, son sus simples vasallos. Una oligarquía que encontró con el euro la más
eficaz herramienta para someter a las clases trabajadoras y arrancarles conquistas que costaron sudor, mucha
sangre y no pocas lágrimas.
Seamos pues radicales: para desembarazarnos de esa oligarquía no podemos ir con pequeños cambios, reformas
hechas a toda prisa para evitar males mayores, proyectos a medio o largo plazo, gobiernos de gran coalición
visibles o invisibles: hay que ir a la raíz, a la columna vertebral que sostiene este sistema. Que es, no me
cabe la menor duda, la institución monárquica.
Solo en una conmoción que desembocara en la proclamación de una República se darían las condiciones para
partir de cero y empezar a cambiar de verdad las cosas. Cierto, la República es condición necesaria, pero no suficiente;
podría acabar siendo una República gestionada en la trastienda por los mismos que manejan el Estado
ahora. Pero es evidente que en ese tránsito, que indudablemente generaría un proceso constituyente, se abri -
rían posibilidades que ahora mismo son sólo ensoñaciones en cuanto a ley electoral, representatividad, estructura
territorial, control democrático, etc.
Poner el énfasis en el advenimiento de la República significa luchar por la llave que puede cambiarlo todo.
Significa, de conseguirse, un basta de enormes dimensiones a partir del cual todo es posible. Significa dejar atrás
la política de parches y barajar de nuevo con cartas nuevas.
El rescate de la democracia empezará ahí. Las luchas fragmentadas por objetivos concretos revelan muy buenas
intenciones, son imprescindibles, pero a la vista está que logran pocos resultados en un sistema que ignora sistemáticamente
a los ciudadanos.
Seamos radicales. Digamos basta. Avancemos hacia un horizonte republicano. Recuperemos la soberanía de la
que hemos sido despojados. La del único soberano: el pueblo.

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